La Oreja de Madera (Auricularia auricula-judae) ostenta uno de los nombres científicos y comunes más peculiares de la micología, debido a su sorprendente parecido (textural y visual) con una oreja humana adherida a un árbol. De textura gelatinosa, crujiente y cartilaginosa, ha sido cultivada en China durante casi 1,500 años.
Pero detrás de este humilde y popular hongo culinario se esconde uno de los cardioprotectores más potentes de la naturaleza. Los epidemiólogos notaron hace tiempo que las poblaciones que consumían altas cantidades de Oreja de Madera tenían tasas sorprendentemente bajas de infartos de miocardio. La ciencia posterior aisló sus Polisacáridos Ácidos (AAP), que actúan biológicamente como una “aspirina natural”, diluyendo la sangre e inhibiendo la agregación plaquetaria, evitando la formación de coágulos mortales. Su consumo regular en caldos y platos es el epítome de la filosofía oriental donde la medicina y el alimento son uno mismo, protegiendo las arterias silenciosamente en cada bocado.
