El Hongo del Alcanfor (Antrodia cinnamomea) es conocido internacionalmente como el “Rubí de Taiwán”. Con su deslumbrante color rojo-anaranjado intenso y su penetrante olor a canela y alcanfor, crece en el corazón hueco de un árbol centenario y endémico de las montañas taiwanesas.
Farmacológicamente, es quizás el agente hepatoprotector más agresivo de la naturaleza. Mientras que en occidente utilizamos el cardo mariano, en Asia el Antrodia es el estándar de oro para prevenir la cirrosis, curar el daño hepático por alcohol o toxinas y, críticamente, tratar el agresivo carcinoma hepatocelular. Su molécula estrella, el Antroquinonol, tiene tal potencia antitumoral y antiinflamatoria que actualmente atraviesa las últimas fases clínicas de la FDA como fármaco huérfano para tratar cánceres avanzados. Sus perfiles de triterpenos son tan complejos que superan con creces a los del legendario Reishi.
